Niños aprenden jugando y creando

Arteterapia e infancia: perspectivas del arte en la enseñanza y el desarrollo del niño.

06-04-2021

La renovación pedagógica frente a la educación tradicional: ciencias cognitivas, inteligencias múltiples y humanismo pedagógico.

La introducción de las enseñanzas artísticas parte de un deseo de renovación pedagógica durante el último tercio del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX. Hasta entonces el aprendizaje de la música o las bellas artes formaba parte de un curriculo informal que se desarrollaba entre las élites instruidas, la antigua aristocracia  y una burguesía necesitada de legitimación intelectual y estética.
 

Así que podemos considerar el arte como uno de los elementos que se incorporaron a la educación con el empuje de la nueva pedagogía durante los años 30 y posteriores, el avance de las ciencias cognitivas - especialmente en las figuras de J. Piaget, V.Vigotsky, J. Bruner o D. Ausubel- y el progreso de las democracias tras la segunda guerra mundial; lo que además implicó la extensión de la enseñanza obligatoria a través de sistemas de educación pública. Paralelamente H. Gardner desarrollaba su teoría de las inteligencias múltiples, que abonaba un territorio cuya fecundidad sigue poniéndose  de manifiesto día a día. La uniformidad jerárquica de una forma de entender el mundo que trataba las relaciones pedagógicas en términos deterministas y lineales llegaba a su fin (o eso parecía)

Todas esas corrientes de pensamiento que hoy llamaríamos progresistas pusieron los cimientos de la crítica a la enseñanza tradicional, una forma de enseñanza focalizada en la jerarquía - en la relación de subordinación maestro/alumno- y la transmisión vertical de conocimientos - el maestro habla, el alumno escucha- centrados sobre todo en el encicplopedismo, el saber librero y declarativo, el lenguaje escrito y la lógica formal. Todo ello articulado en torno a la cuestionada y cuestionable idea de una inteligencia única, fija y heredada.

Algunos ejemplos de pedagogía alternativa o crítica con el paradigma tradicional serían la Institución Libre de Enseñanza, Summerhill o el método Maria Montessori.

En este contexto la enseñanza o no de las disciplinas artísticas supone un campo de batalla  entre las dos formas de entender la educación y su función en la sociedad moderna. Su introducción o supervivencia será crucial para definir qué clase de ciudadanía esperamos formar en nuestras escuelas.

 

El papel de la enseñanza artística en los centros de enseñanza

El aprendizaje artístico es a menudo denostado y despreciado, cuando no explusado de los currículos escolares, amparándose en una visión instrumental y pragmática de la enseñanza como una formación profesional cuya única naturaleza y propósito es servir a las necesidades del mercado laboral. Reivindicamos aquí el papel del arte como punta de lanza de una concepción de la enseñanza enfrentada radicalmente al paradigma del libre mercado del cual la educación pública no sería sino un proveedor de mano de obra especializada.

Pese al extendido tópico de las horas lectivas dedicadas al arte como tiempo perdido o un segundo recreo el desarrollo de la creatividad se ha mostrado como una práctica eficaz para desarrollar la inteligencia y la sensibilidad. También para establecer un diálogo entre lo existente y lo imaginado, es decir una de las mejores formas de ejercitar el órgano mental de la crítica a la manera en que señalaría Herbert Marcuse en su obra El hombre unidimensional.

Herbert Read desarrolla esta noción de la enseñanza artística en su libro clásico Arte y Educación, publicado en 1943 y en pleno auge de la educación artística en Gran Bretaña. Para Read el arte es una forma de vida y no una mera actividad delimitada por un horario lectivo, supone una "lucha contra lo inarmonioso" y lleva a integrar percepción, emoción y pensamiento en una sola actividad.

El arte en las escuelas escapa totalmente a la razón instrumental del mercado y se convierte, como el desarrollo de la vida comunitaria y los afectos, en una vía para educar personas y ciudadanos libres antes que en trabajadores especializados o meros consumidores.

 

Arteterapia en la infancia, primeros pasos y niños de la guerra: Winnicott y Regina Lago.

Para ilustrar el desarrollo de la arteterapia infantil en sus primeros pasos nos apoyaremos en uno de los pioneros de la arteterapia en sí, Donald Winnicott,  en su experiencia como supervisor de albergues infantiles durante la Segunda Guerra Mundial y que encontramos en su libro El niño y su mundo externo.

El niño posee una tendencia innata a la representación visual, a dibujar, a garabatear. Es una capacidad que le sirve para plasmar tanto la realidad que le rodea como para mostrar su mundo interior, ejercitando la imaginación y abriendo una ventana a sus pensamientos y emociones sin necesidad de expresarlas verbalmente. En su exposición Winnicott narra la manera en que el vocabulario y los temas de la infancia - como los cuentos de hadas- son sustituidos por el de los adultos. De la misma manera las obras de los pequeños creadores reflejaban las circunstancias traumáticas de la guerra. Sin embargo el trabajo artístico no sirve solo como una válvula de escape o para generar un efecto catártico, expresivo, sino que abre espacios para lo que el autor llama "un paraíso para la maestra". De algún modo la apertura o el trabajo sobre el papel facilitaría el tratamiento de otros temas no relacionados como la educación en valores, el desarrollo de la empatía - de la inteligencia interpersonal en términos de H. Gardner-, el conocimiento del medio, etc.

El trabajo de Winnicott sirvió para hacer avanzar la psiquiatría y el psicoterapia en los niños al observar efectos no descritos hasta entonces en niños desplazados por la guerra, y que iban más allá del dolor inmediato por la pérdida del hogar o de un ser querido para convertirse en una forma más profunda de desarraigo. Igualmente y como ya hemos mencionado una de las ventajas del arteterapia es que permite encontrar un cauce expresivo para lo innombrable, aquello que causa un miedo paralizante en el hablante o que este no es capaz de expresar debido a la falta de recursos expresivos; a causa de su edad, o a un trastorno comunicativo o del aprendizaje.

En "el juego y el garabato" el mismo autor propone utilizar el dibujo como un medio de diagnóstico infantil y al mismo tiempo como el comienzo de un trabajo que permitiría avanzar en la relación entre el terapeuta y el paciente. Winnicott consideraba el arte no como una producción cultural necesariamente elitista o funcional, ni como un producto de mercado, sino como una actividad que debería incorporarse a la vida corriente de las personas. Pintura, escultura, grabado, dibujo, manualidades, danza y otras formas de expresión artística formarían parte de la vida normal de los sujetos sanos frente a la inacción, apatía y aceptación acrítica en su ausencia. Promoviendo esta forma de entender la vida no solo en niños sino como una actitud exportable a la edad adulta.

En España un caso similar nos lo trajo la pedagoga y psicóloga palentina Regina Lago, quien describe en La guerra a través de los dibujos infantiles el trabajo realizado a través de numerosas ilustraciones de niños españoles tras la guerra civil y que dan testimonio de aquellos años. 

En aquella ocasión los dibujos se hicieron a petición expresa de los maestros en un estudio estructurado y debían reflejar sus vidas antes, durante y después de la guerra. Las imágenes se agruparon por edades con objeto de mostrar las distinas perspectivas de los niños en función de su rango de edad. Lago se centra específicamente en las distintas etapas del desarrollo y la forma en que la visión infantil pasa de una etapa mágica a otra más ponderada - incluso más dramática- de niños conscientes de la transición en su vidas. Hoy sabemos que la capacidad representacional y simbólica aparece en etapas más tardías del desarrollo infantil. Dicho sea de paso es en esta etapa - en torno a los 2 años- cuando el trabajo arteterapéutico cobra verdadera importancia y es más eficaz. Pese a que sus conclusiones son objeto de controversia su valor como trabajo pionero en psicología del desarrollo es incuestionable y ofrece un interesante testimonio sobre la mirada infantil en contextos traumáticos para el terapeuta y específicamente para el arteterapeuta.

 

Qué aportan arte y arteterapia en la educación del niño

Hoy en día tanto arte como arteterapia constituyen herramientas que actúan de manera directa e indirecta sobre objetivos específicos, siempre a través de actividades lúdicas que suponen de por sí un rato de ocio y son fuente de placer para el niño.

Toda actividad empieza con la selección y uso de materiales y el establecimiento del orden en que se va a llevar a cabo. El trabajo artístico dirige al niño a la inmovilidad, la atención y el orden. Planificar y secuenciar las actividades contribuye a reducir la incertidumbre y el desorden que a menudo se relacionan con la ansiedad, la inquietud de los niños muy activos o perfiles encuadrados en el TDAH. Es también un refuerzo amable de la disciplina en el aula y el hogar. No resulta descabellado vincular esta calma ordenada de una actividad agradable - que no hay que imponer, o motivar por otros medios- con una forma de meditación. De hecho son cada vez más los estudios y ensayos que asocian el trabajo manual y el dibujo con los patrones de actividad mental y neurológica de la meditación. Es por eso que cada vez más educadores y psicólogos promueven la meditación activa a través del arte como una forma de reducir la ansiedad y mejorar la concentración, la atención y la memoria. Durante la clase de arte/taller de arteterapia toda la atención del dibujante se encuentra en sus manos, los pinceles, lápices y el papel, en las líneas que se van formando bajo la mirada y en el placer de la actividad en sí misma.

Desde esa situación de atención activa - y placentera, o eso esperamos- podemos explorar otras facetas de la actividad como las que llevan de la atención a la concentración, y de la concentración a la observación de uno mismo. 

Como sucede con los adultos, el arte es una forma de reflexión que exterioriza las inquietudes, dudas, impresiones y emociones de manera que sean visibles tanto para el terapeuta como para el propio creador. De la misma manera que sucede con la redacción continua de un diario, la creación artística permite modificar la perspectiva que habitualmente se tiene sobre algo, escapando a las rutinas mentales, las obsesiones que son fuente de ansiedad y las soluciones erróneas que nos empeñamos en aplicar por la fuerza de la costumbre. Tomar aquello que nos acompaña interiormente y darle una forma observable desde el exterior contribuye a arrojar nueva luz sobre viejas ansiedades. Entretanto se desarrollan habilidades que implican un trabajo coordinado ojo-mano-cerebro, se depura la psicomotricidad fina y se establece un sistema de objetivos y retos personales. A medida que se avanza en el proceso y la habilidad mejora se refuerza el autoestima y se motiva al alumno/paciente para perseverar y progresar superando la frustración de los primeros pasos. Estos usos son de utilidad para niños y adolescentes con problemas de aprendizaje - learning disabilities- o retrasos madurativos.

Finalmente nos encontraríamos con la faceta puramente terapéutica. La práctica guiada, en sesiones individuales o talleres grupales, es flexible y polivalente. Nos hemos referido repetidamente en otras entradas de este blog a su función diagnóstica y expresiva: los conflictos psíquicos, ansiedades, angustia larvada y obsesiones aparecen y persisten gracias a bloqueos que incapacitan al paciente para expresar verbalmente lo que le sucede, muchas veces para entender o enfocar debidamente lo que le sucede. El arte se vuelve entonces una vía alternativa al habla para manifestar esos conflictos y llevarlos a la superficie. Finalmente y con suerte, el trabajo estructurado y guiado, el acompañamiento arteterapéutico puede llevar a una evolución del paciente hacia nuevas perspectivas de sus problemas que no habría adoptado de otro modo. Esperamos que de algún modo esto lleve si no a la mejora o la remisión definitiva de los síntomas a un avance significativo en su comprensión y apreciación.

Artículo escrito en colaboración con Miguel Urién Isla, educador y antropólogo.

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